
Dentro de la mitología de las distintas tradiciones espirituales hay lugares coincidentes, un lugar de dicha y gracia absolutas que suele ser el cielo y un lugar de horrores infinitos, dolor y desesperación eternos, el infierno.
En debates sobre la realidad del infierno o del cielo, algunas personas entre las que me encuentro, sostenemos que el cielo y el infierno no son lugares físicos ni espirituales, para nosotros, cielo e infierno describen estados mentales.
Si pensamos que son estados de la mente y no lugares, pueden sernos muy útiles para analizar como nos encontramos en determinado momento y crear una especie de escala en la que podemos observar que esos estados en muchas ocasiones son consecuencia directa de nuestras acciones o actitudes y que por consiguiente no son constantes ni eternos, son mutables e inconstantes.
Cualquiera que haya visto estos dos lugares con la mirada tranquila del análisis del momento, seguramente estará de acuerdo con la comparación de Lama Yeshe.
2 comentarios:
En realidad lo duro, lo chungo del infierno (y en mi opinión del cielo también) no es sólo el sufrimiento extremo, intenso, absoluto: es la eternidad. Esa inconcreción temporal es lo que más nos sobrecoge, y supongo que en las salas de espera, en los callejones oscuros, en los lugares malos, lo que nos asusta no es sólo lo malo que nos ocurre, sino no saber cuando va a terminar.
Saludos!
Hola Riesgo
Lo que dices sobre la eternidad es muy interesante y es un asunto que será tema de debate seguramente, ¿Que ocurre con al eternidad si eliminamos el concepto del tiempo? ¿Y si el tiempo solamente fuera la percepción de los cambios por el observador?, ¿Que ocurre con el tiempo cuando el observador deja de existir ? etc.
Y tienes razón, es desesperante el periodo de espera cuando no se sabe cuando algo va a terminar, sobre todo si es algo malo y también la incertidumbre no es que sea plato de gusto.
Saludos, dos.
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